¡Nuevo artículo muy interesante de Alejandro Bustillo sobre utilización de embocaduras!

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USO Y AJUSTE DEL FRENO

Puede ser razonable suponer que el caballo con su lengua es el que gobierna la embocadura del freno.

Todos los que hemos andado en atalajes o montando, más de una vez nos ha sucedido que el caballo pasara la lengua por encima de la embocadura, provocando inconvenientes reacciones por el dolor o incomodidad a causa del apoyo de la embocadura sobre las barras indefensas. Hay caballos que, incluso, llegan a pararse.

Una anécdota al respecto. Charlando con un cuidador de caballos de carrera, le pregunté, como si no lo supiera, que había visto unos cuantos caballos, en distintas carreras, que corrían con unas vendas atadas como barbadas. Me llamaba la atención, sin saber de qué se trataba. A lo que me contestó, que hay caballos que se tragan la lengua y para evitarlo le atan la lengua con “CAN CAN” (medias de mujer).

Le pregunté si lo corrían con filete y ante la afirmación, le explique que podía tratarse de que el caballo pasase la lengua por arriba del filete y que esto se solucionaba levantando la colocación de la embocadura. Tiempo después lo volví a ver y me confirmó, muy agradecido, que le había solucionado el problema.

En general con los tipos de los frenos más usados y con un ajuste conveniente no hay mayores problemas para que los caballos dispongan de la libertad de manejar el freno, a su voluntad, pero habiéndolo, este motivo exige el estudio de la boca del caballo, antes de adoptar una embocadura.

Se debe tener en cuenta la serie de factores que influyen en el eficaz desempeño de la lengua: su alojamiento, que es la caja donde se sitúa y que los dos huesos de la mandíbula forman los costados de la misma y el fondo está formado por un piso musculoso (músculos millo hioideos). Es de gran importancia tener en cuenta la altura de los huesos mandibulares y su relación con el espesor y forma de la lengua y de su colocación en la caja. De las barras (lugar de los huesos de la mandíbula donde apoyará la embocadura sin el apoyo de la lengua) debemos fijarnos en su altura, si son muy agudas o redondeadas, si hay alguna lesión nueva o vieja que sensibilice aún más la delicadeza normal del tejido suave y enervado que las cubre y/o la existencia de “dientes de lobo” (premolares rudimentarios) que molestan y provocan reacciones inconvenientes.

Abriendo suavemente la boca es fácil apreciar lo antedicho y si la lengua, en descanso, sobrepasa la altura de las barras y cuanto y si estas tienen la conformación sana y correcta, se podrá empezar a pensar en la elección de una embocadura conveniente.

La embocadura conveniente sería la que permita a la lengua cumplir su función de protección al daño que pueda causar, la tensión de las riendas, sobre las barras.

En el ajuste del freno: la embocadura debe adaptarse a la estructura interna de la boca.

La barbada: su función principal es fijar el punto de apoyo (el fulcro de la palanca) al “brazo-pata” del freno para que este actúe como palanca de segundo grado y su ajuste debe permitir, que al máximo de la tensión de las riendas, el “brazo-pata” del freno formen un ángulo de 45º con relación a línea de la boca. La barbada debe apoyarse en el canal del mentón del caballo, que es donde se unen los dos maxilares, con forma redondeada y cubierta con un tejido suave y poco enervado.

La embocadura debe colocarse entre los colmillos y los primeros premolares, la embocadura del freno debe enfrentar al canal del mentón del caballo. Hay que tener en cuenta que las barras se afinan y se agudizan a medida que se alejan de los molares y se aproximamos a los colmillos, aumentando la sensibilidad del contacto, o sea que cuando más bajo (cercano a los colmillos) esté el freno, más agresiva será la acción de la embocadura.

Es primordial que la medida de la embocadura se corresponda con el ancho de la boca, o sea la medida de la separación de los labios de exterior a exterior, tomada en la comisura de los mismos.

 El ajuste final de la embocadura se realiza por tanteo para determinar la posición más conveniente, pero es conveniente iniciar la colocación de la embocadura de manera que apoye sobre la comisura de los labios sin arrugarlos, (esto permite, en general, que el caballo pueda ajustar la posición del freno según su conveniencia).

Para el ajuste de la embocadura se debe tener bien en cuenta la sensibilidad de la boca: las hay muy sensibles; débiles; muy fuertes y muy pesadas.

Las bocas muy sensibles no aguantan casi ninguna embocadura, sacuden las riendas y cabecean al menor aumento del contacto. Esto se debe generalmente a que la lengua, por cualquier motivo, tiene inconvenientes para apoyarse sobre la embocadura y regular su contacto, esto puede provocarlo las barras muy altas y la lengua muy chata (muy hundida en su canal profundo) lo que aleja la lengua de la embocadura. Independientemente y antes que nada conviene revisar las barras y la lengua, para asegurarse que no haya ninguna lesión.

La solución para este tipo de bocas, puede ser un filete de doble unión que acerque la embocadura a la lengua, facilitando que esta evite la presión sobre las barras, por otro lado tener en cuenta que el filete ejerce la presión al costado de las barras y no directamente sobre el filo de las mismas y en muchos casos agregando parte del labio entre la embocadura y el hueso, suavizando el apoyo. Esta acción lateral es más pronunciada con el filete/bridón de unión simple que en el doble unión pero aleja algo más el apoyo de la lengua (hay más espacio entre el centro de la embocadura y la lengua y lo que en ciertas ocasiones, además, puede herir el paladar).

Puede haber otras posibilidades, por ejemplo un freno con embocadura recta que facilitaría la utilización de la lengua, por la proximidad del centro de la misma con la lengua y al mismo tiempo, los extremos de la embocadura quedan alejados de los apoyos en las barras, dificultando la posibilidad del apoyo sobre los asientos.

En todos los casos es de importancia capital que el largo de la embocadura sea como máximo ½ centímetro más larga que el ancho de la boca (distancia entre los bordes externos de los labios, a la altura en la que se ajustará el freno) evitando el desplazamiento lateral. En el supuesto de que sea mayor, el problema se puede solucionar con el agregado de arandelas de goma interpuestas entre la pata del freno y el labio del caballo.

En el caso de utilizar freno, tener en cuenta el largo del brazo del mismo, cuando más largo mayor es la acción sobre la nuca y la de la barbada y muchas veces, si es demasiado largo, o el freno colocado alto, saca la barbada de su canal, apoyándola sobre los huesos separados de la mandíbula hiriéndola. Hay que tener en cuenta que ese punto es sumamente delicado. En cuanto a las patas del freno, conviene que sean rectas o algo atrasadas hacia la mano del conductor (frenos “ELBOW”) lo que suaviza el efecto.

En las bocas débiles las reacciones del caballo son las mismas que en los de bocas demasiado sensibles, a pesar de que se dispongan de la ayuda de la lengua, en estos casos lo más indicado es un bribón grueso en los apoyos, y de unión simple por su accionar suave, en la parte externa de las barras y generalmente con el almohadillado de parte de los labios.

Las bocas demasiado fuertes en general es un problema de educación: cuando más sostenidamente se tira de las riendas más se defiende el caballo para evitar el contacto de la embocadura con las barras. Puede suceder que el caballo sea muy temperamental, en cuyo caso lo primordial es tranquilizarlo. Cuando un caballo exagera el contacto, la manera de ablandarlo es con tantas sucesivas “media paradas” como sea necesario hasta que afloje la presión.

Cuando el problema es la lengua o su relación con las barras, lo indicado es un freno con puente bajo o embocadura curva (media luna), con el propósito de dar más lugar al apoyo lengua y facilitar el manejo de la embocadura. También ayuda que la embocadura no sea demasiado gruesa, sobre todo en las partes más próximas a las patas del freno.

A la boca hay que enseñarle a obedecer, no se trata de un poste insensible que hay que doblegarlo. Cuando se está seguro que se está usando una embocadura que combina correctamente con la estructura de la boca, cuando el caballo se afirma, si va al paso hay que pararlo (siempre con medias paradas) e inmediatamente ceder el contacto o si va al trote disminuir la velocidad o ponerlo al paso cediendo en el acto logrado el contacto deseado. Esto debe hacerse tantas veces como sea necesario hasta que el caballo aprecie la comodidad del contacto correcto. Normalmente el caballo busca la “comodidad”.

No siempre es culpa de una mala elección de la embocadura. Son muchas las causas que pueden provocar una boca pesada. Alguna debilidad en patas o manos, etc. que el caballo busque un alivio con el apoyo o simplemente una mala educación, en cuyo caso la solución depende de la habilidad del entrenador para su reeducación.

“No basta saber embridar todas suertes de caballos según las diferencias de sus bocas: todo es inútil sin una buena mano y sin mucha prudencia con el caballo” Francisco Robinchon de la Gueriniere año 1784, como vemos esto no se trata de una novedad (el subrayado es mío).

Datos que conviene tener en cuenta para lograr una buena embocadura. Que los huesos de la mandíbula sean suficientemente separados para alojar convenientemente la lengua. Que la lengua sea suficientemente carnosa como para superar la altura de los asientos. Que los labios sean finos. Que los asientos convenientemente altos y descarnados pero no filosos y la forma y estado del canal de la barbada.

El bridón apoya sobre los lados de los asientos; no utiliza el canal de barbada y es bueno para levantar la cabeza en los caballos que se encapotan y a los que se cargan o pesan en la mano.

Como corolario de lo que antecede se deduce que el contacto debe ser lo más suave posibles y que en ninguna circunstancia se debe perder este. Esto impone al caballo el tener permanentemente su lengua alerta y apoyada a la embocadura, dispuesta a regular a su gusto la presión tolerable.

Creo que conductores que lesionan las barras se debe a dos posibilidades

1º Un exceso de presión venciendo la posible resistencia de la lengua (una brutalidad) o

2º por momentos una falta total de contacto (riendas sueltas) por lo que el caballo descuida la colocación amortiguante de la lengua y el menor tirón sorpresivo de la rienda, la embocadura golpea directamente sobre las barras lesionando las mismas.

Esto es bastante posible en los obstáculos de la Maratón.

OBSERVACIONES QUE CONVIENE TENER EN CUENTA

La opinión muy generalizada es que el “Cierra boca” conviene usarlo solamente en frenos que no usen barbada (filetes, bridones). En la foto se aprecian los inconvenientes: el cierra boca usa el canal de la barbada: desplaza  el freno hacia arriba: fija la embocadura lo que impide que el caballo disponga a su comodidad la posición de la misma: desplaza la barbada colocándola sobre los huesos maxilares sumamente sensibles.

Freno colocado excesivamente alto lo que desplaza  a la barbada asentándola sobre los maxilares. Además se nota una excesiva tensión en las riendas, exceso de contacto.

De todo lo que antecede poco o nada debe ser de mi cosecha, pero sí puedo asegurar que todo lo expuesto lo he probado durante muchos años con buenos resultados.

Alejandro Bustillo

Teyú Cuaré, 1 de Mayo de 2007

Revisado y corregido 2013.

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